domingo, 19 de abril de 2015

Sognefjord Día 14 Gaupne - Tunsbergdalsbreen (06 de Junio de 2014, 27 km)


Después de la toma de contacto que tuve ayer con las primera parte de la ruta, tengo bastante claro como debe ser mi recorrido a pie. Caminaré por la margen derecha del río hasta que termine el sendero, aunque poco antes de su final debo encontrar un puente para cruzar al otro lado. Luego empezaré a subir por un camino, asfaltado probablemente, que me llevará dirección oeste hasta la orilla del lago Tunsbergdals. 

Inicio la ruta temprano con el cielo encapotado.


El sendero va cerca del río pero la espesura del bosque impide asomarse a él la mayoría del tiempo, aunque en algún punto se ve que baja con fuerza.



Mi mochila debe pesar unos 20 kilos, bastante vieja y poco ergonómica no resulta cómoda de llevar, lo que me obliga a parar cada hora más o menos.


Antes de la siguiente parada cruzo una impresionante cascada. Creo que habré recorrido unos dos tercios del camino hasta el puente por el momento.


A un cierto punto encuentro un buzón en un árbol. En su interior hay un cuaderno de firmas, añado la mía. 


A partir de aquí la cómoda pista desaparece, así que me acerco al río a través del bosque para comprobar si se ve el puente que debe llevarme al lado opuesto; no lo veo ni río arriba ni abajo. Ahora no hay sendero ninguno y avanzar se vuelve complicado por la frondosidad de árboles y vegetación. Logro asomarme en dos ocasiones al río, no veo aún el puente y caminar por la orilla no es viable. Tengo que estar cerca, pero la espesura me impide situarme, puede incluso que lo haya dejado atrás sin darme cuenta. Ahora mismo las opciones son dos: desandar la pista por la que he venido unas dos horas para cruzar por un puente de pilares que hay ya cerca de Gaupne, o seguir buscando el colgante que vi ayer desde la carretera. Volver atrás tanto trecho y luego tener que andar por la carretera me da bastante pereza, así que escojo la segunda opción. Finalmente encuentro el puente, aunque su estado no es tan bueno como me pareció ayer cuando lo vi desde el autobús. Lo cruzo con precaución y al llegar al final me encuentro una malla metálica que clausura la salida a la carretera. No me hace gracia caerme al río pero no me queda otra que saltar para poder alcanzar la orilla. 



Continúo unos minutos por la carretera hasta dar con el desvío hacia el oeste. Mi camino ahora discurre en paralelo a otro río que vierte en el Jostedal.


A poca distancia de mi destino empieza a llover con cierta intensidad.


Por fin alcanzo la orilla del lago.


Y mientras inflo la balsa empieza a despejar, lo cual se agradece. Con barca hinchable lista y mochila a bordo, empiezo la parte acuática de la ruta.


Durante un par de horas la experiencia acuática resulta una tortura. No logro avanzar casi nada por el viento en contra y lo mal que me adapto a remar en mi nueva embarcación. En estas dos horas habré recorrido menos de 4 kilómetros, así que empiezo a plantearme seriamente que se me ha ido el tema de las mano y que cruzar un lago glacial en una barca de juguete igual no es tan buena idea. 



Afortunadamente mi habilidad a los mandos del bote mejora a la vez que el viento da una pequeña concesión, así que mi cabeza abandona los pensamientos negativos. Ya no dudo del éxito de la misión, solo preparo un plan b por si no llego al glaciar antes de anochecer. La alternativa puede ser acampar lo más cerca posible de la lengua y continuar pronto al día siguiente a pie por la orilla.


Son las nueve más o menos cuando ya veo cercana la orilla septentrional del lago. Llevo unas cuatro horas para recorrer alrededor de 11 kilómetros y no veo la hora de llegar al objetivo. Pero me resulta imposible acercarme mucho más a él; el lago empieza a convertirse en río, que además baja con corriente por el agua que recibe del glaciar a estas alturas del año. Como avanzar más por el lago hacia el Tunsbergdalsbreen es imposible, no dudo en aplicar el plan alternativo y busco un lugar para desembarcar y montar la tienda.


El terreno rezuma agua por todos lados y encontrar un lugar decente para acampar resulta tarea difícil.


Después de inspeccionar varios puntos sin éxito, me decido por una pequeña zona con poca inclinación y que no está encharcada. Llevo allí mi mochila y la barca, el lugar es fantástico.





Monto la tienda y ya cambiado de ropa ceno algo de embutido y frutos secos, no tengo mucha gana de entretenerme en preparar nada con el hornillo.


Antes de meterme a dormir observo un rato los bonitos colores del cielo al ocaso del sol.



2 comentarios:

FRANCISCO RODRIGUEZ dijo...

He caído en este blog de casualidad y no puedo más que darte mi enhorabuena, impresionante viaje con el que me produces una envidia increíble.
Felicidades por hacer lo que te gusta y gracias por compartirlo, un saludo.

Un Kayak en la Mochila dijo...

Hola, muchas gracias por tu comentario Francisco! A ver si saco tiempo para volver a publicar con cierta regularidad.
Un saludo