lunes, 18 de noviembre de 2013

Etapa 10. Cala Xuclá - Cala d'En Serra - San Vicent - Cala Mastella (35,6 km)


Amanece un nuevo día, décimo ya de travesía. Abandono cala Xuclá con la expectativa de seguir disfrutando de la costa norte ibicenca, que me sorprendió la jornada de ayer por su salvaje belleza.

La pequeña cala Xuclá con su chiringuito al fondo
Antes de empezar con el paleo me doy un chapuzón mañanero, que me refresca y despeja mis sentidos totalmente.

El aspecto del agua en cala Xuclá invita al baño
Al salir distingo un gran velero en el medio de la bahía y decido iniciar camino en sentido opuesto a mi ruta para poder observarlo de cerca. La pequeña desviación merece la pena, pues el velero es impresionante.


Tras hacer un par de fotos a la embarcación doy media vuelta encaminándome, ahora si, hacia Portinatx. Entro a explorar a fondo la zona, una estrecha bahía con una playa urbana al fondo de la misma y una cala más pequeña que mira al oeste en un recoveco que se forma en la salida hacia levante de la bahía. Abandonando Portinatx se divisa ya el faro de Moscarter. 



Aparte del faro, la zona es entretenida de ver por lo sinuoso de la costa, que nos invita a investigar cada entrante en la roca.


Pasada la punta de Moscarter nos espera la cala d'en Serra, a la cual se puede acceder también desde tierra a través de un camino en bastante buen estado. La relativa facilidad para alcanzar la cala desde tierra, la existencia de un cómodo establecimiento playero y mi hora de llegada (mediodía exactamente), se combinan para que encuentre el lugar algo más poblado de lo que hubiera deseado y con un ambiente demasiado turístico para mi gusto. La cala soporta además el estigma del urbanismo salvaje y absurdo en forma de un hotel abandonado a medio construir casi encima del mar. No obstante, la belleza del entorno me obliga a realizar la primera parada de la jornada, con baño incluido claro está. Luego me entretengo hablando con una simpática pareja del País Vasco que disfruta aquí de la playa y el mar de una forma bastante distinta a lo habitual en sus tierras, donde el agua fría y el tiempo inestable invitan menos al baño y al asoleo. 

La cala d'en Serra con las típicas casetas de pescadores.
Ofrece aguas tranquilas y cristalinas donde disfrutar del buceo o el simple baño
En la cala vecina aún se hacen visibles las huellas de un incendio que afectó al norte de Ibiza en 2011 
Reanudo mi marcha y pronto alcanzo el Port de ses Caletes, una pequeña cala más virgen y solitaria que la d'en Serra pero sin el mismo encanto. Al poco de dejar atrás el Port de ses Caletes me empieza a apretar fuerte el hambre, así que paro a almorzar algo de pan con chocolate y frutos secos en una estrecha pero alargada cala de cantos al pie de un abrupto acantilado. El paraje en cuestión es el Racó de sa Talaia.


Combatido el gusanillo, continúo con intención de realizar mi siguiente parada ya en Sant Vicent. El trayecto desde este punto hasta Sant Vicent, si bien no tan espectacular como el continuo acantilado del día anterior, es bastante llamativo.


Entrando a la gruta
Una cala muy tranquila antes de llegar a Punta Grossa

Aunque la intención era no detenerme hasta llegar a Sant Vicent, decido realizar una nueva parada justo antes de Punta Grossa para bañarme y estirar las piernas en una playa de cantos enfrente de la cual fondean varios yates.

La estratificación del acantilado era curiosa

Al final llego a Sant Vicent pasada ya por mucho la hora de comer. Desembarco en un extremo de la playa, bastante concurrida, y voy a buscar cerveza fría. Regreso al kayak y preparo un bocadillo, y tras haber dado buena cuenta de él, me echo un rato en la playa. La jornada de tarde no resulta particularmente interesante. Una extensa playa comienza al poco de abandonar Sant Vicent, y continúa por varios kilómetros. De la Punta de'n Valls a las cercanías del Cap Roig hago un recto para acortar el trayecto, pues no me parece demasiado interesante la costa en ese tramo. En las proximidades del Cap Roig comienzo a notar, casi de un momento para otro, un fuerte viento de levante. Me pilla de improviso y hace que las últimas dos horas de la ruta de hoy se hagan duras. Termino la jornada en Cala Mastella, donde me reciben una playa solitaria llena de posidonia y un chiringuito presumiblemente abandonado. Monto mi vivac detrás de un murete de piedra que cerca el espacio del chiringuito. Aprovecho la posidonia seca para hacerme un mullido colchón bajo mi colchoneta. Tras la cena me duermo profundamente, aunque en mitad de la noche me despiertan voces. Es una pareja italiana que ha llegado a la playa, y parece que se hayan sentado al otro lado del murete a juzgar por la cercanía de sus voces. Parece que comienzan a ponerse algo románticos, así que carraspeo un poco para denotar mi presencia. Seguramente lo inesperado de sentir a alguien tan cerca de ellos les asusta, porque inmediatamente cruzan un par de frases más y se van. Yo continúo durmiendo hasta el amanecer. 

4 comentarios:

Jose Bello dijo...

Preciosas fotos y hermosa experiencia, a ver si coincidimos en el agua.

Un saludo

Un Kayak en la Mochila dijo...

Gracias Jose. Sigo tu blog siempre que actualizas, muy interesante y didáctico.

Un saludo

Josep Montoro Maltas dijo...

Bonita travesía!

qué cámara utilizas para hacer las fotos?

Salut y gracias por compartir

Un Kayak en la Mochila dijo...

Gracias Josep, para este viaje llevé una cámara digital compacta Nikon Coolpix, ligera y muy económica