sábado, 8 de julio de 2017

CONSEJOS PARA INVERNALES EN PACKRAFT

- Las excursiones invernales son las mejores: no hay nadie, la fauna se distingue mejor sobre el fondo blanco nevado y los paisajes se tornan más dramáticos. De vuelta a casa se aprecia mejor el valor de las comodidades cotidianas que solemos dar por hecho, por ejemplo una ducha caliente.


- Hay que ir bien equipado. Se puede desatar una tormenta en cuestión de minutos que reduzca la visibilidad a unos pocos metros y haga caer la temperatura en picado debido al viento. Esas condiciones solo duraron unos minutos en nuestro caso en Riaño, pero de haberse prolongado habríamos tenido que montar la tienda allí mismo y haber esperado. Sin tienda ni refugio cercano y localizado puede haber riesgo de hipotermia.


Nuestro plan A fue este refugio de montaña lleno de estiercol de caballo salvaje. No quiero ni imaginarme cual habría sido el plan B :P
- El viaje empieza diseñando la ruta. Hay que conocer el terreno o llevar mapas, en invierno todo es más difícil. No se distinguen bien los caminos bajo la nieve y el perfil de los hitos que nos ayudaban a orientarnos ahora está oculto. Es bueno tener rutas de salida o emergencia. Es recomendable que alguien que no viaja sepa la ruta y el calendario, se puede dejar una nota en el coche por ejemplo. El monte es muy grande para buscar a nadie a ciegas.

En este bosque de hayas es fácil perderse
Ir acompañado ayuda mucho. Yo no suelo viajar solo, Antonio sí, en verano. El invierno es más duro y un compañero es probablemente el mejor equipo de supervivencia posible

- Es recomendable diseñar jornadas cortas y asequibles en invierno: los días son cortos de modo que hay que saber muy bien de cuántas horas de luz se dispone y cuál es el momento límite para montar el campamento. Cualquier imprevisto retrasa toda la jornada en cascada, hay que tenerlo en cuenta si pretendemos meter muchos porteos, saltos de presa o escaladas en una misma jornada.

- Un plan B donde pasar la noche no puede faltar. Nosotros solemos llevar siempre en invierno la tienda de campaña y el saco de relleno sintético. Sirve como plan B si la jornada no se completa y ofrece un refugio de emergencia en caso de tormenta.



El equipaje se planea con tiempo, siguiendo una lista de todos sus componentes que conviene guardar para que pueda ser optimizada. La lista que veis en la foto de abajo tiene los pesos en gramos de cada elemento para poder estimar el peso total del equipaje y/o elegir qué elemento llevar en caso de duda. Hay que empacar en casa para saber si cabe y cómo meterlo dentro de la mochila. Probar el peso y hacer pruebas de cómo se portearía es también conveniene. Todavía estaremos a tiempo de quitar o meter cosas.



-Se puede cargar casi cualquier peso en proa del packraft (sin superar el máximo de 150kg de flotabilidad de la embarcación). Yo llevo mi pesada mochila de 70L cargada para una travesía invernal de 10 días (incluye saco, tienda, ropa, calzado, ropa, etc.) en una bolsa estanca de 100L en la proa y aun así acoplo otra bolsa estanca de 10L para material de acceso inmediato en las paradas y una bolsa de 5L para llevar material accesible durante la travesía.




- Peso del equipaje vs qué llevarse. Es posiblemente de lo que más nos gusta hablar a nosotros: "Te vas a llevar la funda de vivac?" o "Vamos con neopreno o con el cubrepantalón?" Reflexionar acerca de esto ayuda MUCHO a no echar en falta nada durante la travesía y también a no lamentarse de haber traído ese peso extra. Desde mi punto de vista el orden de preferencia podría ser:

0. Packraft + complementos: remo, casco (si es agua brava), chaleco, cable de pala, cubrebañeras, bolsa de hinflado (uno para los dos packrafts), kit de reparación, bolsa estanca donde meter la mochila.
¿Qué mochila elegir y cómo cubrirla? Hay mochilas ultraligeras y estancas de las que se usan para alta montaña: son caras y según los reviews no son precisamente las más ergonómicas para travesías largas, pero sin duda son súper ligeras, estancas y duraderas. Otras opciones estancas más asequibles también están disponibles a menores precios pero con distintas prestaciones sobre todo en términos de capacidad de carga y peso (por ejemplo esta de overboard). En invierno nosotros solemos llevar siempre mucho peso (nos es imposible reducirlo más sin invertir en material más ligero) de modo que hay que plantearse cuántas horas habrá que andar con la mochila y cuál será el recorrido. En nuestro caso suelen ser muchas horas y/o recorridos largos y/o en pendiente. Estas condiciones imponen un buen macuto cómodo con mucha capacidad de carga, aunque pese un poco más. Así que solemos llevar una mochila de montaña de +60 L y una bolsa estanca enorme (la mía es una ortlieb de 100 L). Yo meto la mochila en la bolsa estanca, y este mega bulto se ata a la proa del packraft como muestra la foto de arriba. Es la opción más barata y eficaz (no entra nada de agua si se cierra bien) aunque ciertamente tampoco la más ligera (la bolsa estanca pesa y la mochila también en comparación con una mochila estanca ultraligera) ni la más cómoda (hay que meter y sacar la mochila de la bolsa al principio y al final de cada jornada). En travesías sobre agua calmada se puede usar la típica funda que viene con el macuto (Antonio compró otra y usó ambas para cubrir el macuto entero). Esta segunda opción es más barata y ligera, aunque no es estanca y la mochila al final se moja un poco. En caso de lluvia o agua brava esta opción no sirve.




1. Campamento: tienda, saco, ropa de abrigo seca, incluyendo calzado. Este punto 1 junto con el 0 van a representar el grueso del peso de nuestro equipaje y normalmente ambos son imprescindibles.
* Cómo ahorrar peso en 0 y 1? o bien hay que gastarse dinero en material ligero (que suele mantener la calidad y bajar el peso a expensas de materiales más caros) y/o prescindir de algunos elementos (imposible en algunos casos) y/o llevar prendas que desempeñen varias funciones al mismo tiempo. No se trata de llevar mucha ropa para ir siempre limpios, sino todo lo contrario: usar mucho la misma poca ropa para ir ligero.
*El saco de invierno: la pluma responde mal si se moja, mientras que el relleno sintético pesa y abulta más pero en travesías largas es más fiable que la pluma. Si las travesías son largas la pluma va cogiendo humedad ambiental y pierde propiedades. Hay por supuesto plumas tratadas con protección hidrofóbica que dan buenísimas prestaciones. No obstante pensemos que las travesías invernales de varios días se desarrollan literalmente en el agua, rodeados de nieve en muchos casos, en entornos con alta humedad ambiental y probablemente poco sol y temperaturas bajas. Secar un saco húmedo es difícil. Por eso nosotros llevamos siempre un buen saco de invierno de relleno sintético. El saco siempre va dentro de una bolsa estanca muy  ligera para evitar que se moje si nos llueve o nieva mientras andamos con la mochila a cuestas
* Un buen plumas ultraligero: yo soy una persona más bien friolera porque comparado con Antonio siempre llevo una capa más. Nuestro uniforme oficial es para campamento es: una primera capa térmica de manga larga (yo llevo una segunda capa fina elástica y ceñida de manga larga), una tercera capa que suele ser un forro polar (un ternua polartec power stretch pro), una cuarta capa que es un plumas y un impermeable de goretex o similar como quinta capa. Estas 5 capas se pueden combinar entre sí dependiendo de las necesidades: quitar alguna, sustituir una por otra, etc. Señalo el plumas porque para mí es fundamental: es una prenda hiperligera, muy cómoda, que da un aporte extra de calor, que sirve como almohada y de gran comodidad. Para invernales yo me llevo un Rab electron que hace la diferencia en campamento

2. Ropa de agua (para palear): en entornos de agua tranquila y fácil acceso al kayak es posible que un cubrepantalón, un chubasquero, unas polainas y las mismas botas de montaña hagan bien la función; en el otro extremo, en caso de agua brava y/o necesidad de mojarse en entornos fríos, lo ideal es un traje seco (que nosotros no tenemos!); una opción intermedia son escarpines de bota + neopreno o pantalón estanco + chaqueta estanca.

3. [Ropa de travesía (para  anfibias)] = ropa de campamento + ropa de agua + otros? Esta ecuación resulta de lo FUNDAMENTAL que es llevar prendas que desempeñen varias funciones al mismo tiempo:
- el chubasquero sirve de chaqueta "estanca" de paleo si se usan muñequeras de neopreno y un buen cubrebañera.
- unas buenas mallas térmicas gruesas no pesan nada, sirven de pijama y de ropa de campamento/travesía si se combinan con un cubrepantalón.
- un cubrepantalón para la lluvia (de los que se usan para montar en bici si llueve) es una prenda de espectacular relación funcionalida/precio/peso. Cuesta unos 10-20 euros, lleva reflectantes si es de bici, pesa
- un bañador tipo "turbo" (el fardabolas de toda la vida) sirve como bañador y como ropa interior;
- los bastones de travesía sirven para montar un toldo-refugio improvisado
- y así hasta agotar nuestra imaginación
- En caso de duda, mejor llevarse ropa de abrigo extra, por ej unos calcetines, un plumas ligero y compresible

4. Cocina: comer caliente viene bien, sobre todo en travesías largas. Nosotros llevamos un filtro purificador de agua dulce del tamaño de una jeringa grande para no cargar agua (Sawyer Mini). Un hornillo ligero tipo PRIMUS combinado con una botella de gas mediana es lo mejor (ExpressStove) Un cuchillo de supervivencia bien afilado (para poder cortar leña, afilar puntas, sacar muescas, hacer bastoneo) hace de cuchillo de cocina (Azero Epsilon). La comida liofilizada evita llevar platos pues se come de la misma bolsa. Frutos secos y otras comidas hipercalóricas (dátiles, mantequilla, higos, etc.) son energéticas, ligeras en relación a la energía q aportan, y duraderas. Para no llevar fruta se puede optar por unas pastillas efervescentes de vitaminas soluble, lo cual hace además de zumo por la mañana, y/o por fruta deshidratada como orejones, melocotón, manzana, coco, plátano, etc.

5. Aquí incluyo todo lo que no sea lo anterior. Es una categoría desastre que da pie a llevar objetos realmente importantes y/o a cargar con pesos inútiles. Para mí no pueden faltar unos prismáticos, un cuaderno de notas con un lápiz (los bolis no pintan en mojado), mosquetones ligeros de aluminio, cordino, un botiquín minimalista, una batería para cargar el móvil, el cargador y unas gafas con al menos dos pares cristales (sol y niebla). Para hacer fuego en sitios húmedos un hornillo casero de cera y cartón es infalible. Solía pasear los libros, no los leía, aunque ayudan a hacer fuego si no hay hornillo. Unos bastones de travesía son recomendables  si se carga mucho peso para mantener la estabilidaden entornos con mucha pendiente. Sin ellos ciertos ascensos y descensos serían muy complicados, un mal paso y el peso de la mochila nos llevará al suelo con más facilidad. Los bastones ayudan a estabilizar los ascensos y descensos. Las raquetas son un elemento pesado que hay que llevar sólo si se va a usar. Conocer las condiciones de la nieve a pisar ayuda.

Ahora sólo queda esperar a que vuelva el invierno!

Un abrazo

domingo, 25 de junio de 2017

Packrafting invernal en Riaño

El embalse de Riaño está en León y en el extremo sur de los picos de Europa. Es un embalse de montaña construido en los años 80. Su construcción desató polémica porque varios pueblos del valle (como Anciles) quedaron sumergidos. Uno de ellos, el actual Riaño, fue reconstruido más arriba por encima del nivel del agua. Riaño es uno de nuestros destinos preferidos para las travesías otoñales/invernales porque ofrece al mismo tiempo ciertas particularidades:
- El embalse es una gran masa de agua, lo suficientemente grande como para una travesía de 3 días (incluso 5 si el nivel del agua es alto y se recorre de cerca el perímetro íntegro). Al nosotros vivir en Madrid, el viaje de 4h hasta allí merece la pena porque podemos quedarnos al menos 2 noches.
- Desde Riaño pueblo se pueden montar los kayaks con facilidad en cualquiera de sus playas y/o rampas, a las que se puede acceder en coche.
- Riaño pueblo está en el centro del embalse, que cuenta con 3 grandes ramificaciones. En caso de necesidad (pinchazo, roturas, tormenta, emergencia, etc) es fácil regresar al pueblo. Riaño tiene restaurantes, gasolinera, comercios y nuestra base de operaciones preferida: el hostal Sainz.
- El embalse está enclavado en las montañas  de la parte sur de los Picos de Europa. Esto a su vez nos ofrece los tres alicientes que buscamos en una travesía invernal: nieve y/o frío, un paisaje espectacular conformado por laderas altas a ambos lados, y naturaleza salvaje.
Por todos estos motivos no perdonamos al menos una travesía invernal en Riaño cada año. Aunque cada una de las travesías que hemos hecho ha sido distinta del resto, podemos dividirlas en dos tipos en función del tipo de embarcación que se quiera usar.





La versatilidad y características del packraft las hemos descrito ya en otros posts. Lo interesante esta vez es describir el entorno y las posibilidades que ofrece para travesías anfibias que combinan tramos de paleo en packraft con tramos a pie con la mochila. Partiendo de Riaño pueblo por la mañana (normalmente un sábado), hinchamos el packraft, lo cargamos y paleamos en dirección noroeste un par de horas hasta la orilla opuesta para alcanzar la base de las montañas que queremos recorrer. En esta travesía en packraft se puede bordear una isla y/o pasar por debajo de una carretera elevada por un puente. A medida que se gira al oeste el paisaje empieza a revelarse en toda su amplitud. El Pico Gilbo (1679 m) a la izquierda  flanquea la entrada a uno de los ramales más bonitos del embalse (rutas 2 y 3). Justo antes de llegar a esta entrada se puede girar al norte para desembarcar en el valle que conduce al paso del collado tendeña (ruta 1).

Si nos adentramos por el ramal dejando el Gilbo a la izquierda en dirección oeste, a su vez se abre otro ramal a la derecha que conduce al valle de Anciles, un pueblo ahora sumergido y enclavado a los pies de un desfiladero aun transitable. Solo cuando el nivel del agua está muy bajo, como en el otoño de 2016, se pueden ver las ruinas de Anciles al final del ramal. Desde el final de este ramal se pueden tomar a su vez dos rutas: el camino a través del desfiladero que termina sorteando la montaña por su punto menos elevado (ruta 2); y un camino relativamente fácil de distinguir a través de un hayedo que acaba desapareciendo (tanto el hayedo como el camino) en la base de un paso de montaña a unos 1650 m (ruta 3).

Hay una cuarta ruta, que aun no hemos explorado, a la que se accedería si, en vez de coger el ramal de Anciles, seguimos paleando hasta alcanza el muro del embalse (ruta 4). Muy cerca se encuentra el pueblo de Las Salas, desde el que salen caminos y carreteras

Finalmente, una quinta ruta que se nos ocurrió este otoño partiría de Riaño, pero hacia el este, por el ramal que conduce hasta el pueblo de Burón. Casi al final del ramal, que es más bien un brazo del embalse relativamente ancho, desde la margen izquierda se puede coger un camino que discurre hacia el norte a través de hayedos (ruta 5). Esta ruta es una de mis expectativas para 2017: recorrerla en modo bikerafting llevando una bicicleta de montaña y el packraft.

Cada una de estas rutas tiene sus particularidades, su belleza y sus retos. Vamos a verlas una por una.

RUTA 1 (Riaño - Collado Tendeña - Lois - vuelta) : esta ruta la hicimos por primera vez en el otoño de 2016. Cuando a principios de 2016 paleábamos de vuelta de la ruta 2 observando el panorama, pensamos que el valle del Arroyo Tendeña podría ofrecer una travesía interesante. En noviembre de 2016 salimos de Riaño paleando y alcanzamos la base del valle que conduce al collado del mismo nombre. En seguida se descubre el camino que sube hasta el collado Tendeña que hace de puerto para pasar al otro lado de la montaña. Sobre la foto de satélite parecía haber un refugio en la base del collado, donde en efecto paramos a cocinar algo caliente. El collado tiene unos 1645 m de altitud y un camino relativamente bien delimitado y transitable. No obstante en condiciones meteorógicas adversas y/o con nieve la subida puede se un reto si además se portea una mochila pesada. Las travesías invernales en Riaño no dan margen para aligerar el peso del equipaje: hace frío (temperaturas pueden ser bajo cero), viento (puede levantarse mucho) y llueve y/o nieva (hemos ido allí buscando nieve y cayó 1 metro en una noche). No se puede prescindir de un buen material de acampada, ropa de abrigo, bastones, comida caliente y por supuesto el packraft y el remo. Hay que contar siempre con que incluso la mochila más ligera para una invernal en Riaño va a ser siempre muy pesada.

Una vez sorteado el collado se pasa a la otra cara de la montaña, cuyas condiciones son mucho más benignas a juzgar por el paisaje: un bosque de hayas y robles por donde discurre un camino muy bien conservado. Una vez abajo el camino se junta con otro en una trifurcación en la que se puede elegir ir a la derecha para pasar por Burón y coger la ruta 5; o ir a la izquierda y llegar a Lois. Nostros particularmente fuimos hasta Lois, recorriendo un camino de tierra fácil que conecta los pueblos de alrededor. En Lois se puede hacer noche en alojamientos rurales y, sobre todo, visitar la llamada catedral de la  montaña, una pequeña pero espectacular construcción que el viajero no se esperará encontrar. Nosotros fuimos agasajados por la hospitalidad de un amigo local, quien nos dejó dormir bajo un techo y nos enseñó la catedral en una visita exclusiva. En Lois hay además una Casa del Humo, que es una construcción de madera y adobe con techo de paja en cuyo piso superior la familia que lo habitaba mantenía sin descanso un fuego encendido. El humo servía para mantener el techo de paja y ahuyentar a los ratones que se la comían. Durante años y años de fuegos mantenidos dentro, las paredes y el techo se fueron cubriendo de una costra de alquitrán negro. Junto con la catedral, merece una visita.

Desde Lois se puede volver sobre los pasos de la ruta 1 o seguir al sur para acabar en Salas, que es el inicio de la ruta 4.



Collado Tendeña

Catedral de la Montaña en Lois

Campamento bajo techo en Lois

RUTA 2 (Riaño - Anciles - Valle de Anciles - Collado de Anciles): desde Anciles sale un camino que al principio discurre por un desfiladero y por la margen de un arroyo de montaña. El camino es fácil y está bien delimitado. Es la ruta más asequible porque permite sortear la montaña por su punto más bajo. Es probablemente el camino más practicado en su día para llegar al valle de Anciles. Una vez arriba el camino discurre por una meseta plana encerrada por un cerco de montañas. Finalmente baja hasta el camino que une Burón-Lois-Salas que mencionamos en la ruta 1.

Valle de Anciles en Noviembre de 2016


Valle de Anciles en Febrero de 2015
RUTA 3 (Riaño - Anciles - paso entre Peñas Pintas y Llerenes): es la que más hemos cogido sin duda. Desde Anciles se acaba encontrando un camino a través de un hayedo. Con mucha nieve es fácil perder el camino y acabar subiendo campo a través. No obstante, los hayedos son bosques con una densidad foliar tal que las copas de los árboles no dejan que casi ningún rayo de sol toque el suelo. Por tanto impiden el desarrollo de un sotobosque frondoso. Bajo el único manto de hojas de haya caídas se puede andar relativamente bien incluso si uno se pierde. Basta con seguir subiendo y/o buscar la posición en el GPS del móvil.

Al igual que en la ruta 1, cuando se acaba el hayedo (que no crece más arriba por limitaciones derivadas de la altura) el paisaje se aclara y encontramos un refugio. Desde el refugio se sigue subiendo, esta vez campo a través, por las sendas que abre la fauna salvaje (rebecos y ciervos sobre todo) hasta llegar arriba. Literalmente por caminos de cabras. Es un trecho con bastante inclinación, sin un camino, que nosotros hemos recorrido sólo una vez hasta arriba y con nieve. Arriba la influencia de la altura se nota (temperatura más baja y más viento) y pese a no llevar raquetas ni crampones conseguimos subirlo porque la textura de la nieve permitía abrir agujeros a patadas Y no ibamos cargados (dejamos el equipo junto a los kayaks en la orilla). En una segunda ocasión (cuando cayó 1 m de nieve por la noche) decidimos no subir a la mañana siguiente porque la inclinación es tal que nos pareció conveniente tener otras raquetas más adecuadas y/o crampones y/o saber predecir el comportamiento de la textura de la nieve y saber descifrar el mejor camino sobre ella. Todo esto lo consideramos necesario al llevar con nosotros un macuto cargado al máximo y rondando los 20 kg. Un paso en falso y es fácil irse al suelo.

Vista del ramal de Anciles desde al paso entre Peñas Pintas (1985 m) y Llerenes (1895)




Imágenes del refugio en la base del paso


Final de la transición agua-tierra, estaba nevando



RUTA 4 (Las Salas - Lois / Salamón - Anciles): lo mejor sería combinarla con alguna de las anteriores de modo que la presa sea el inicio del tramo a pie o su punto final donde embarcar para volver a Riaño

RUTA 5: vamos a dejarla para inaugurar el blog con un post de bikerafting!

Si alguien está interesad@ en el recorrido concreto de cualquiera de estas rutas no tien más que ponenrse en contacto con nosotros

A disfrutar de la montaña y del packraft! 

jueves, 8 de junio de 2017

Travesías Invernales en Riaño: Prólogo

Muy pronto Dani va a ir desgranando distintas rutas que hemos realizado, tanto en kayak como en packraft, en torno al pantano de Riaño. La primera entrega está casi a punto de salir del horno, pero para ir abriendo boca aquí va un adelanto en vídeo de la última travesía que hicimos.

Esta vez la ruta fue en kayak y aprovechamos la ocasión para probar algunas novedades del Trak 2.0, el nuevo modelo del fabricante canadiense TRAK. Ahora mismo están en plena campaña en Kickstarter promocionando este nuevo modelo, que ha sumado grandes mejoras a todo lo bueno que ya tenía el anterior Seeker. Para todos los interesados en un pedazo de kayak portable, podéis entrar en su página de Kickstarter, aún quedan dos semanas para llevárselo con un descuento bastante goloso 

lunes, 8 de mayo de 2017

Parque Natural de Cabo de Gata, un Paraíso para el Kayak de Mar. Parte I

Lugar de sobra conocido para todos los amantes del kayak de mar, el Parque Natural de Cabo de Gata es uno de esos parajes únicos que deja huella en el viajero. Es cierto que desde hace unos años la afluencia cada vez mayor de turistas le puede restar un poco de encanto, pero salvando ese inconveniente sigue siendo un paraíso para desarrollar nuestra afición.

Tres veces y media (lo de media es por un amago de travesía que quedó en eso, y con suerte) he recorrido su costa y lo que sigue es un resumen de esas experiencias.

Águilas - La Fabriquilla, Diciembre 2010, 108 km


La primera de ellas fue de alguna manera un viaje iniciático, pues era también la primera travesía que realizábamos por mar el torrente Carlos Barón y yo. Nuestros kayak eran unos hinchables muy simples, seguramente no resultaban la mejor opción posible para una travesía de esta clase, pero el tiempo y las condiciones del mar acompañaron y nos permitieron disfrutar en todo momento. También el momento fue especial, Navidades del 2010, para finalizar el año de la mejor manera posible, con una aventurilla.


Nada más llegar a Águilas hicimos un extraño ritual pagano para consagrar el viaje que íbamos a iniciar a nuestra deidad, aprovechando que se nos apareció en un bar.


La salida de la playa de Águilas fue plácida, con un sol maravilloso que lucía esplendido y auguraba una gran jornada, aunque pronto las circunstancias rebatieron el augurio.


Como íbamos un poco verdes en esto de navegar costeando, fijamos el rumbo en la idea de llegar a un cabo que divisábamos casi al final de donde alcanzaba nuestra vista. Puede ser que aquello que apenas llegábamos a vislumbrar en el horizonte fuera la Punta de los Muertos y el faro de Mesa de Roldán a su espalda, que distaría en línea desde nuestra posición unas 40 millas. Pero nosotros dirigimos alegremente nuestra proa en esa dirección con la idea de llegar allí en unas dos horas, un cálculo muy optimista. Obviamente lo único que conseguimos fue separarnos de la línea de costa más de lo recomendable para unos completos novatos, pues tal cosa éramos.


Unido a este primer despiste ya habíamos sumado uno previo sin saberlo, las tapas del kayak. Estos kayaks tienen unos tapones para desaguar en la parte baja del casco, y si los dejas abiertos para navegar lo que consigues es llenar tu embarcación de agua (aunque en principio al ser hinchable no debe hundirse). Nosotros los teníamos abiertos de la última vez que guardamos los kayak, que se abren para ayudar a desaguar y secarlos mejor, pero no habíamos caído en la cuenta de cerrarlos en la playa de Águilas. Así que pronto nos vimos a unos 2 kilómetros de la costa y preguntándonos el uno al otro "oye, ¿tu kayak cómo va de agua por dentro?". La respuesta recíproca fue "a mí me llega ya hasta bien arriba del culo, qué raro".


Cavilando sobre el posible causante de que nuestras embarcaciones hicieran tanta agua caímos por fin en la cuenta, pero la situación había empeorado bastante; mientras dábamos vueltas al tema habíamos estado casi parados, y al permanecer estáticos el agua entraba por los tapones con mas alegría. El resultado fue que empezamos a tener lo que bautizamos como paranoias de mar, nos parecía que nuestra proa empezaba a hundirse demasiado y que nos íbamos a pique por momentos. Sin pensarlo mucho más empezamos a remar fuerte en dirección a la costa, algo nerviosos por la idea de que nuestra primera travesía en mar fuera a terminar en catástrofe nada más empezar.

Afortunadamente alcanzamos una playa antes de llegar a comprobar si nuestros kayaks hinchables eran realmente insumergibles.


Tras el agitado inicio de travesía, decidimos quedarnos en esta playa que quedaba cerca de Calarreona, pero estaba lo suficientemente aislada como para poder acampar. 


La jornada siguiente discurrió por dos tramos bastante diferenciados: primero las urbanizaciones en la parte de San Juan de los Terreros, luego una zona más salvaje a partir de El Calón, con acantilados bajos y las áridas serranías del levante almeriense de fondo con su característico manto de matorral.



Finalmente acampamos en una cala antes de llegar a Villaricos, cala de las Conchas creo que es su nombre.


La puesta de sol espectacular.



El día siguiente empezó con un paisaje bastante similar al que nos acompañó la tarde anterior.


Para luego discurrir por las sucesivas playas de Vera, Garrucha y finalmente Mojácar, nuestro destino para acampar. Elegimos el único punto viable, la desembocadura del río.



Abandonamos Mojácar con ganas de empezar lo bueno y adentrarnos en la zona protegida del Parque Natural.


Pero paramos a comer en la playa del Sombrerico y como el día se estaba poniendo feo y la playa nos pareció óptima para pernoctar, allí nos quedamos. En la playa nos cruzamos con una mujer, mitad jipi mitad bruja, que aseguraba habernos visto días atrás en un sueño, dos chicos cabalgando por el mar... No se qué se habría tomado antes de tal sueño, pero el caso es que, aparte de informarnos de los tramos costeros más interesantes que nos quedaban por transitar, nos dijo que teníamos que llegar sin falta la noche siguiente, última de 2010, a la playa de San Pedro. Allí, según nos describió, vivía una comuna en paz y armonía y, también según sus palabras, los de San Pedro nos acogerían con los brazos abiertos para despedir el año de una manera especial. Como no teníamos un plan mejor para el Fin de Año, la idea nos sedujo bastante.



Amaneció lloviendo el día siguiente.


Y tuvimos que ponernos nuestras mejores galas para protegernos de la lluvia.


Pero no tardó en despejarse el cielo restableciendo la tónica de tiempo soleado que estábamos disfrutando desde el inicio del viaje.


Y al llegar a la Playa de los Muertos el día presumía ya de un maravilloso sol invernal.


Por la tarde tratamos de acelerar el paso para llegar a San Pedro, lo cual conseguimos con un margen amplio de luz solar.


Bajo el efecto de las palabras de la bruja del Sombrerico, teníamos en mente que nos fueran a recibir tal vez con alguna ceremonia de bienvenida al desembarcar en la playa, pero muy al contrario nadie vino a nuestro encuentro y fuimos totalmente ignorados. Descubrimos rápido el porqué; los habitantes de la cala se dividían entre gente a su bola a la que le interesó nuestra llegada nada o casi nada, y otros más abiertos a los foráneos que estaban vendiendo cerveza y toda clase de abalorios a un cargamento de turistas que un habitante de la comuna había traído en zodiac desde las Negras. No sin cierta desilusión, decidimos acercarnos a los jefes de las cervezas con la intención de mudar el chasco de nuestra llegada en alegría por degustar una cerveza fría. Como el precio de las latas estaba un poco inflado, supusimos que por la reciente llegada del contingente de turistas, establecimos una negociación con los jefes de la cerveza, una pareja que se llevaba un poco a la gresca entre ellos pero que parecían buena gente. Les argumentamos que íbamos a quedarnos allí a pasar la noche y que pensábamos bebernos unas cuantas latas, y que así compensaríamos la reducción del precio con un mayor consumo. La negociación fue fructuosa y el precio acordado justo, así que empezamos a beber cervezas. Mientras, la playa se preparaba para la última noche del año. Los turistas eran devueltos a las Negras, y las gentes del lugar unas disponían un enorme equipo de música en la playa mientras otras preparaban una hoguera. La cosa, tras la decepción ante la inicial indiferencia, no pintaba mal del todo.


Antes de caer la noche dimos una vuelta por la comuna y observamos que algunos txokos estaban realmente bien, con muros construidos en adobe, mampostería de piedra o ladrillo, huertos, placas solares, duchas, letrinas y hasta columpios para los niños, mientras que otras soluciones habitacionales consistían en simples tiendas de campaña.

Ya de noche nos reunimos con la gente alrededor de la hoguera, la música de rave tronaba por los altavoces. Vimos que los allí reunidos no podían ser más que una pequeña parte, no más de doce o quince personas, de los habitantes de la cala. En el corro estaba el jefe la cerveza, no así la jefa, que tras otra pelea con él andaba refunfuñando por ahí sola. Además había gente de varias nacionalidades (belgas, alemanes e italianos), aparte de españoles. Entre los extranjeros nos llamó la atención en especial el Capitán Ron, un tipo belga con pinta de pirata que tardó en bajarse una botella de Negrita a palo seco, y sin colaboración alguna, no más de cuarenta minutos. Otro gran pirata de allí nos ofrecía ácido que había cocinado él mismo y nos decía que nuestros kayak eran juguetes para niños, por aquello de que eran hinchables. No era cuestión de llevarle mucho la contraria, pues parecía igual que el Capitán Ron un bravo corsario y contaba además con la ayuda de su LSD casero, pero el caso es que con que esos juguetes hinchables habíamos llegado a su playa tras navegar cinco días y aún nos quedaban otros dos. Por unas cosas u otras no terminamos de encajar del todo en la fiesta, aunque lo intentamos y la intención es lo que cuenta. Unas cervezas más y antes de que fuera medianoche nos fuimos a nuestra tienda, sin tomar las uvas, aunque dudo que la tradición de las uvas la fueran a seguir esa noche en cala San Pedro.


A la mañana siguiente seguían todavía el Capitán Ron y algún otro valiente con la rave. Nos despedimos de ellos y empezamos nuestra jornada.


Que resultó de lo mejor del viaje, otra vez con magnífico tiempo y con una sucesión de espectaculares acantilados.



No menos asombrosas cuevas.



Y emocionantes pasos entre rocas.




Así hasta llegar a los Escullos y desembarcar en la playa del Embarcadero, donde dormimos aquella noche.





La última jornada la hicimos con cierta prisa, solo en las primeras horas de la mañana nos entretuvimos algo más en cuevas y demás accidentes geográficos. 



Luego se metió un poco de viento de levante y mar, así que nos separamos de la costa y avanzamos rápido hacia nuestro destino.


El desembarco final fue en la pequeña pedanía de la Almadraba de Monteleva, que creo que allí denominan más comúnmente como las Salinas, y está justo pasada la Fabriquilla.


Allí recogimos todo y esperamos al bus que nos llevaría a Almería, para cambiar a otro que nos devolvería finalmente a Madrid.